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Catedral

 

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CATEDRAL DE JAÉN

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La Catedral de Jaén está edificada sobre una antigua mezquita. El solar ocupaba una esquina de la muralla árabe primitiva y fue ocupada por la Aljama o Mezquita Mayor. No queda ningún resto de la misma, pero se supone que era de reducida extensión. Hay que tener en cuenta que la capital de la diócesis era, en aquel momento, Baeza, hasta que se traslada a Jaén, en 1249.

Y tras su entrada en la ciudad, Fernando III mandó consagrarla y decir una misa ante una Virgen que la tradición quiere que sea la misma que está en la Capilla Mayor. Fue consagrada en 1246, por el obispo Gutierre bajo la advocación de la Asunción de María. 

Las obras comenzaron ciento veinte años después, en 1368, y de ellas no quedan restos. En 1368, el rey de Granada, aliado de Pedro I el Cruel, asalta la ciudad y quema sus templos. Ese mismo año el obispo Nicolás de Biedma emprendió la construcción de un edificio regular de traza gótica, con cinco naves, coro, crucero, capilla mayor, claustro y otras partes más. En su testamento, dictado el 7 de marzo de 1382, legó todos sus bienes para la continuación de la obra. Pero a su muerte, en  1383, las obras se paralizaron.

En 1492 el obispo Luis Ossorio, ante el estado de ruina, ordenó derribar el crucero y la capilla mayor, pero no logró grandes progresos en la obra al tener que desplazarse a Flandes. 

Al frente de la obra se puso el maestro cantero Pedro López.

Fue el Obispo Alonso Suárez del Sauce el que, cuando vino trasladado de Lugo, en 1500, acometió la renovación. Sacó los cimientos de la Capilla Mayor, en el mismo lugar que la actual, con el Presbiterio, obra que se acabó en 1519. Las del testero no eran capillas o no se llegaron a cerrar, pero se levantó el muro principal, de estilo gótico flamígero provisto de contrafuertes y un adorno formado por crestería simulada, que fue utilizado en la obra definitiva y que es el actual muro nororiental, obra tal vez de Enrique Egas. De éstas quedan: la cabecera, concebida como planta de salón, la cenefa gótico flamígera que la adorna en el exterior, y en el interior una escalera de caracol.

En 1525 el Cardenal Merino ordenó revisar los pilares que sostenían la cúpula, que resultaron estar en muy mal estado. Entonces, Merino promueve la suscripción de recursos para un nuevo templo, construido a los "romano" creando una Cofradía de 20.000 hombres y otras tantas mujeres que  abonan una cuota de un real. 

En 1540 se colocó la primera piedra con arreglo a las trazas hechas por Pedro de Vandelvira, padre de Andrés, quien la dirigió durante más de 20 años. A mediados del siglo XVII se hubo de derribar el cimborrio y la capilla del Obispo Suárez. 

De la traza gótica sólo queda el muro norte, que se aprovechó en la nueva catedral. En el muro, destacan algunas gárgolas. Una de ellas es muy popular en la ciudad y representa una mona, llegando a dar nombre al callejón de este testero, hoy parcialmente desparecido.

En 1548 a la muerte de su padre, se hace cargo de la obra Andrés de Vandelvira marcando su impronta y la de su época renacentista. Pedro llevaba en el proyecto desde 1534 y ya había avanzado sus trazas, demoliéndose al efecto la obra antigua. Habían participado también Jerónimo Quijano y Pedro Machuca. Bajo su dirección se realizaron la sala Capitular, el Gran Panteón de Canónigos, la Sacristía, las capillas de la nave sur o de la epístola, que llevan en lo alto la fecha de 1579, y la fachada y puerta del medio día. 

En 1548 se adopta el acuerdo capitular de iniciar la obra desde el muro de cabecera, que en opinión de algunos explicará la planta rectangular o de salón, con ausencia de girola, elemento este ajeno, por otra parte, a la tradición arquitectónica jiennense. Mucho tuvo que ver también la presencia de la muralla, adosada al templo, y la torre del Alcotán, cuyo derribo provocó discusiones que no se resolvieron hasta 1555.

A la muerte de Vandelvira las obras pasan a manos de Alonso de Barba, su ayudante y discípulo.

En conjunto, su aportación constituye el cubo oriental de la construcción, que abarca la sala capitular y la sacristía, además de la nave sur y el panteón en el sótano, actual Museo Catedralicio.

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La catedral dispone de tres naves en planta rectangular, con testero plano, también llamada de salón, separadas mediante pilares cruciformes de orden corintio, unidos por arcos de medio punto que sostienen bóvedas vaídas, que confieren a la construcción una sensación de calma y quietud.

Dispone de diecisiete capilla hornacinas situadas entre contrafuertes interiores.

El conjunto recuerda más bien una pieza de arquitectura civil, subrayado además por el sistema de balcones que recorren los muros por encima de las arquerías de las capillas.

La termina cien años después Juan de Aranda. La fachada es obra de Eufrasio López Rojas en 1674. Y, para que no le falte ningún estilo, Ventura Rodríguez añade la Capilla del Sagrario en 1764. El frente y los dos laterales de la Catedral están rodeados de una amplia lonja que cierra una verja de hierro forjada en 1800 según diseño de Manuel Martín Rodríguez. Sobre las tres puertas de acceso de la fachada principal, hay tres relieves: San Miguel, la Asunción (a la que está dedicada la Catedral), de Julián Roldán, y Santa Catalina, de Lucas González.

Las estatuas entre las puertas son imágenes de San Pedro y San Pablo. Sobre la balaustrada, nueve gigantescas imágenes, también de Juan Roldán, que representan a San Agustín, San Gregorio Magno, San Mateo, San Juan, San Fernando, San Lucas, San Marcos, San Ambrosio y San Jerónimo.

Plano

Fachada de Eufrasio López

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Detalle Lonja

 

La Catedral tiene dos puertas más: la norte (a la izquierda), de Juan de Aranda, dedicada a la Purísima Concepción, en la que, derecha e izquierda, hay dos estatuas de Salomón y David; y en los laterales del frontón dos escudos: el de la Catedral y el del Cardenal-Obispo Moscoso que construyó la puerta. Un hombre modesto, Iñigo Fernández de Córdoba, mandó ser enterrado aquí para ser pisado por cuantos cruzaran esta puerta. Era el Dean de la Catedral y murió en 1624.

La Puerta Sur, que se suele abrir menos, pero que es la primera que tuvo la Catedral, la diseñó el propio Vandelvira y tiene un altorrelieve de la Asunción; en los laterales del arco dos alegorías de la Piedad y la Religión.

Entremos en el templo por una de las dos puertas laterales de la fachada principal. (La central no se abre más que en las grandes solemnidades o cuando el viento sopla con furia como el día de Navidad de 1821). Lo primero que vemos es el trascoro, que rompe absolutamente el estilo de la Catedral. Fue diseñado en 1791 por José Gallego, y está dedicado a la Sagrada Familia, según lienzo de Maella. En los laterales, imágenes de Santo Toribio de Asturias y San Lorenzo. Delante de las pilastras, imágenes en mármol blanco, de Santa Catalina, de la Inmaculada, de San José y de Santa Lucía. Debajo de la cornisa, alegorías de la Virgen; sobre ella un medallón en cuyo centro hay un triángulo con el nombre de Dios escrito, en letras de oro, en hebreo.

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Comenzemos el recorrido de las capillas iniciándolo por la nave de la izquierda según hemos entrado:

 

CAPILLA DE SAN JOSÉ.

A la izquierda óleo del siglo XVII de la Sagrada Familia; en el centro retablo clásico del siglo XVII, en cuyo centro hay una talla policromada de San José con el Niño. Sobre ellos un Crucificado; a la izquierda San José, San Juan Bautista, y San Cristóbal; a la derecha San Francisco, ............. y San Agustín.

 

CAPILLA DE LA VIRGEN DE LA CORREA.

A la izquierda, óleo barroco de la Anunciación; en el centro, retablo neoclásico imitando mármol, con un crucificado del siglo XVI; sobre la mesa del altar, Nuestra Señora de la Correa, imagen del siglo XVIII policromada; a la derecha retablo barroco del XVIII con un óleo de la Santa Cena.

 

CAPILLA DE SAN PEDRO PASCUAL.

A la izquierda Cristo atado a la columna; en el centro retablo neoclásico de San Pedro Pascual, obispo que fue de Jaén que fue hecho prisionero en Granada y que siempre que se entregaba rescate por él prefería se librara con aquel dinero a otros cautivos, finalmente fue martirizado en 1300. En la mesa del altar, imagen de la Virgen de la Cabeza, Patrona de la Diócesis; a la derecha retablo neoclásico con imagen de Santo Toribio.

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CAPILLA DE SAN MIGUEL.

Barroca, de 1761. A la izquierda San Miguel; los cuadros de la parte inferior aluden a San Rafael; en el centro, retablo con lienzo de San Miguel luchando con Lucifer; debajo, pintura de la Virgen del Alcázar, Patrona de Baeza; a la derecha, San Gabriel.

 

Hemos llegado al crucero y a la puerta norte, desde donde se puede acceder a la Parroquia del Sagrario. Sobre la puerta, altorrelieve de la Circuncisión y de la Purificación de la Virgen, de Alonso Cano (1642).

 

CAPILLA DEL NIÑO JESUS.

A la izquierda, óleo barroco del XVII: El Papa recibiendo las reglas de San Francisco de Paula; en el centro, retablo neoclásico con talla barroca del Niño Jesús; en el cuerpo central, dos esculturas de madera: Cristo con cruz y libro y San Diego de Alcalá; en la parte central, un óleo de Soriano cuyo motivo es la Circuncisión; a la derecha óleo de la Inmaculada. A la entrada, lápida de mármol de la sepultura del obispo Castellote.

 

CAPILLA DE LA INMACULADA.

A la izquierda, óleo de la escuela barroca andaluza, de San José; en el centro, retablo clasicista de tres calles: en el banco, en bajo relieve, Visión de Jerusalén; en el cuerpo central, óleo de la Inmaculada, del XVIII; en los laterales, lienzos de San Joaquín y Santa Ana; en el ático, lienzo de Esther con el rey Asuero; a la derecha, una talla del Beato José Oriol. A la entrada, sepultura del obispo González.

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CAPILLA DE SAN EUFRASIO.

A la derecha, retablo con pintura de la Virgen con el Niño; en los laterales, San Esteban y San Miguel luchando con Lucifer; en el ático la Anunciación y en los laterales y centro la Crucifixión; en el centro retablo de San Eufrasio, Patrón de la Diócesis, original de Gregorio Manuel López en 1790. El tema central es la apoteósis del Santo. En las calles laterales, San Julián de Cuenca, con cesta de mimbre, San Agustín y San Antolín; en la mesa del altar urna con los restos de San Pío Mártir, donados por el Papa Pío VII al obispo Rubín de Ceballos, cuya sepultura se encuentra a la entrada de la Capilla. Desde esta Capilla se puede acceder a la escalera de caracol renacentista de la que hablábamos al principio como uno de los pocos restos que quedan de la primitiva catedral que mandó hacer el Obispo Alonso de la Fuente del Sauce. Y así llegamos al testero, la parte más antigua de la Catedral.

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CAPILLA DE SAN FERNANDO.

Retablo neoclásico de Manuel López. El cuadro central representa a San Fernando con vestiduras reales rodeado de ángeles y al fondo una ciudad que pudiera ser Jaén. Se atribuye a Valdés Leal. A la izquierda, la Ascensión de la Virgen y, en la parte inferior, un obispo y algunos clérigos inspeccionan el sepulcro en el que fue colocado el cuerpo de la Virgen. A la derecha San Fernando, de rodillas, contempla a la Virgen en el Cielo. Los medallones representan a los evangelistas. Las imágenes son alegorías de la Diligencia y la Constancia. En esta capilla está la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la imagen más venerada por el pueblo, que lo llama cariñosamente "el Abuelo". Es una talla articulada y policromada, aunque está siempre vestida con una túnica de terciopelo morado bordada en oro, donada por la Marquesa de Blanco Hermoso en 1869. La cruz es de Palo Santo. Las espigas y aceitunas, de plata, fueron donadas por la Confraternidad de Labradores en 1859 por haberse remediado un sequía. Las llaves son copia de las que le fueron ofrecidas por la Ciudad en 1681.

 

CAPILLA MAYOR O DEL SANTO ROSTRO.

Su decoración es de Juan de Aranda. El testero lo ocupa un gran retablo. En el primer piso cuatro imágenes exentas, estofadas y doradas, de San Bernardo, San Pedro, San Pablo y San Antonio Abad, del giennense Sebastián de Solís. En las calles laterales del retablo, dos lienzos: Encuentro de la Virgen con Jesús camino del Calvario, y Cristo despojado de sus vestiduras.

Encima de la cámara donde se guarda el Santo Rostro (del que hablaremos más adelante), un nicho que alberga la imagen sedente, de factura gótica, de la Virgen de la Antigua, dando el pecho al Niño; está vestida. Es la Patrona del Cabildo Catedral. La tradición quiere que ésta sea la Virgen ante la que San Fernando mandó decir la primera Misa en la Mezquita sobre cuyo recinto está edificada esta Catedral.

En el segundo cuerpo del retablo un altorrelieve ovalado de la Asunción de la Virgen; a la izquierda, lienzo del Descendimiento y, a la derecha, Cristo atado a la columna. El ático es un Calvario; a los pies del Crucificado, la Magdalena, a la izquierda la Virgen y a la derecha San Juan. En los extremos, alegorías; a la izquierda, la Fe y la Esperanza y, a la derecha, la Caridad y la Religión. En los muros laterales dos lienzos: una copia de la Anunciación de Cellini y la Visitación de Santa Isabel.

En esta Capilla no hay ningún enterramiento bajo tierra, pero sí en la cajonera, en cuyo cajón inferior está la momia del obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, revestido de pontifical y con un libro. Falleció en 1522 y permanece insepulto por un pleito entre sus herederos y el Cabildo. Aquellos pretenden que vuelva el cadáver a donde estuvo hasta la realización de unas obras en la Capilla Mayor, y el Cabildo entiende que nadie debe enterrarse en esta Capilla. Y así siguen desde 1664. Añadamos que, aunque el epitafio dice que murió en 1522, parece que la verdadera fecha fue 1520 y que las vestiduras y el libro no son las originales; aquellas desaparecieron en 1876 y entonces se pusieron las actuales.

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Capilla Mayor

 

Pero la verdadera joya de esta Capilla es el SANTO ROSTRO. La tradición y algunos documentos catedralicios afirman que es uno de los tres pliegues del paño con que la Verónica enjugó el rostro de Jesús cuando iba camino del Calvario, y que aquí se guarda desde que lo trajo San Eufrasio, salvo los interregnos de la dominación musulmana y de los años 1936 a 1940, cuando se encontró con otras joyas en un baúl depositado en un garaje de Villejuif-Bicètre, entonces un pueblito cercano a París. Según tres pintores que examinaron la reliquia en 1730, tiene alguna pincelada en el perfil del rostro, pero no en la cara donde no percibieron imprimación alguna y aseguraron que era Obra Sobrenatural. Esta reliquia está enmarcada en plata con piedras preciosas engastadas, coronada por un lazo de diamantes. Se guarda en una urna de plata que se abre en dos puertas; en cada una de ellas los relieves de seis apóstoles y, encima de ellas, los relieves de los rostros de Cristo y la Virgen. En las esquinas, estatuillas de los cuatro evangelistas.

Esta reliquia no sale de su "caja fuerte" más que los viernes, el Viernes Santo y la festividad de la Asunción, fechas en que es mostrada a los fieles, que pueden obtener indulgencia plenaria. Con ella se bendicen el Viernes Santo y en la Asunción, la ciudad y sus campos desde las galerías altas de la Catedral, que incluso tiene unas señales para que el Obispo sepa desde donde debe impartir la bendición para no cambiar la tradición. En ocasiones señaladas por visita de personalidades o por peregrinaciones también sale de su relicario en días diferentes.

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Santo Rostro

 

CAPILLA DE SANTIAGO.

El testero central lo ocupa un retablo neoclásico, en cuyo primer piso lleva esculturas de Santo Tomás de Villanueva: la de la izquierda con túnica y bonete, y la de la derecha con hábitos negros orlados de oro. En el centro, Santiago Matamoros. En el último piso, escultura de San Judas Tadeo; en el centro, óleo de la Virgen del Pilar y, a la derecha, San Andrés; coronado todo por rayos que rodean el anagrama YAVE. En el testero derecho se abre una puerta que da paso a la Sala Capitular.

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CAPILLA DE SAN BENITO.

A la izquierda, lienzo de la Santa Faz y, encima, otro con San Benito, la Virgen y la Trinidad, del siglo XVIII, rematado por talla de la Inmaculada; en el centro, imagen de San Benito; alrededor del nicho, medallones policromados con escenas de la vida del Santo y, encima, el escudo del obispo Fray Benito Marín, cuyo enterramiento tiene lápida de mármol rojo; a la derecha lienzo con escena de la vida del Santo y, en el ático, altorrelieve de la Virgen, San Benito y un obispo arrodillado.

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CAPILLA DE SANTA TERESA.

A la izquierda, óleo de la Santa que se inspira en la que pintó fray Juan de la Miseria, (que vivió en una cueva no lejos de la Catedral); en el centro, retablo barroco con una talla de la Santa, San José a la izquierda y, a la derecha, San Roque; en el ático la Inmaculada. Rodeando el retablo, frescos de Pancorbo: esponsales de Santa Teresa, Muerte de la Santa, y Protección de la Santa a la Orden; en la parte inferior Visión de la Pasión y Transverberación de la Santa.

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CAPILLA DE LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS.

A la derecha, Calvario; en el frente, retablo neoclásico con altar de mármol rojo, con talla de la Virgen de las Angustias y dos ángeles llorando, de José Mora; encima, un cuadro de San Pedro Pascual. Hemos llegado al crucero y encontramos la puerta Sur. Sobre ella hay un altorrelieve del Nacimiento y Adoración de los Magos, original de Luis Aguilar en 1564.

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CAPILLA DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES Y SANTO SEPULCRO.

A la izquierda, Calvario; a continuación de la mesa del altar, de mármol rojo, urna con Cristo Yacente. Encima, cuadro de la Transfixión de la Virgen, de Pancorbo, como todos los demás, con el Descendimiento, los evangelistas y los profetas.

 

CAPILLA DE SAN JERONIMO.

Retablo neoclásico con pintura de San Jerónimo, de José Antolínez; sobre el altar, Virgen de los Dolores; a la derecha lienzo de San Juanito.

 

CAPILLA DE SAN SEBASTIAN.

Lienzo del giennense Sebastián Martínez; a la izquierda retablo barroco de San Juan Nepomuceno.

 

CAPILLA DEL CRISTO DE LA BUENA MUERTE.

El Cristo es de Jacinto Higueras. En el testero izquierdo, retablo barroco con pintura de Santo Domingo de Guzmán, del giennense Pancorbo; a la derecha, una copia de La Adoración de los Reyes de Rubens.

 

PRESBITERIO.

Vayamos ahora hacia el presbiterio. Está rodeado de gradas sobre las que se eleva la mesa del altar, de mármol blanco con embutidos de rojo, sostenida por gradas de mármol rojo. El Tabernáculo, de Pedro Arnal de finales del XVIII, tiene dos cuerpos; el primero, de seis ángeles, sostiene un paño de bronce que deja un hueco sobre el que se levanta el manifestador con ocho columnas salomónicas y cupulilla rematada por cruz de cristal y jaspe. Hay que destacar los candelabros de setenta luces hechos en 1904. La reja es del Hermano Clemente Ruiz, de mediados del siglo XVII

 

EL CORO.

Una de las curiosidades de esta Catedral es el Coro, construido por José Gállego y Oviedo del Portal, de la escuela de Churriguera, tanto por su longitud como por sus 122 asientos, 53 bajos y 69 altos, y los bancos corridos para los caballeros de la Ciudad, que se tallan a partir de mil quinientos por Gutierre Gierero, López de Velasco, y Gujano, siguiendo las instrucciones del obispo Alonso Suárez de la Fuente del Sauce (el insepulto), hasta 1746. Resulta muy difícil, por no decir imposible, averiguar de quién es cada talla. Coronando la sillería alta, 62 tablas con escenas del Antiguo Testamento.

Al Coro se accede por la "vía sacra" que lo une por doble baranda al Altar Mayor, o por cuatro puertas, de dos en dos, en los laterales. Las dos primeras al final de la sillería para las autoridades civiles. Cada puerta tiene además otras tres, más la que da al exterior: de las dos del interior, la de la derecha, da a una estancia o cuarto trastero, y la de la izquierda lleva a una escalera de caracol que sube a la balaustrada. En el suelo hay sepultados trece obispos.

En la balaustrada hay dos órganos. Del más antiguo solo queda el armazón de la caja. El que se usa actualmente es de 1780, reformado en 1925 y en 1943, pues durante la guerra del 36 se desarmaron sus tubos para sacarlos por las balaustradas exteriores y las torres, para que la aviación creyera que eran cañones antiaéreos. De la importancia del primitivo órgano nos da idea de que en él compusieron e interpretaron algunas de sus obras dos glorias de nuestra música: Francisco Guerrero y Francisco Correa de Arauxo.

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Coro

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La BOVEDA del crucero es también obra de José Gállego. Está sostenida por cuatro pechinas con relieves de los cuatro evangelistas, sobre las que hay un doble anillo en el que se labraron advocaciones de la Virgen separadas por dobles cartelas. Sobre el anillo, ocho figuras de angeles con instrumentos musicales, separados por dobles radios que llegan hasta el casquete, donde hay un altorrelieve de la Asunción de la Virgen.

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SACRISTIA.

Se accede por la antesacristía, por el crucero ante la puerta Sur, entre las capillas de la Virgen de las Angustias y de la Virgen de los Dolores. A la derecha de la Puerta están las que dan acceso a las galerías altas que guardan el archivo de la catedral y al Panteón, actualmente Museo Catedralicio, y a la izquierda la entrada a la Sacristía, una muestra más del genio de Vandelvira. Tiene una extensión de 22 por 12 metros, con dieciséis arcos que se apoyan en ochenta columnas, de ellas treinta y seis exentas. Entre su mobiliario, que guarda los ternos del culto, un retablo-relicario, de Alonso de Mena de principios del XVII, con reliquias; entre otras de las Once Mil Vírgenes de Colonia, San Bonoso y San Mauricio. También podemos destacar un reloj neoclásico de Antonio de Molina.

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SALA CAPITULAR

Se accede a ella desde la Capilla de Santiago a través de una pequeña antesala. A esta Sala Capitular se la llama también Capilla de San Pedro de Osma, y está decorada con pilastras jónicas que marcan tres tramos de arcos de medio punto, y su bóveda es cañón ornamentada con recuadros. El retablo del testero, de Pedro Machuca de 1546, tiene tres cuerpos. En el inferior, Padres de la Iglesia: en el central, San Pedro de Osma, a su derecha San Pablo, a su izquierda San Pedro y en el superior la Virgen de la Piedad con orantes: a su derecha San José y a su izquierda San Juan. Todo ello coronado por un toldo de la Verónica con el paño del Santo Rostro.

La Sala Capitular es una de las más  interesantes del conjunto por la armonía y elegancia de sus proporciones. Se accede a ella a través de la Capilla de Santiago, que da paso a una antesala cuadrada. Su planta es rectangular, de 14 por 7 metros. Destaca en ella la bóveda de cañón sustentada sobre las pilastras jónicas. El retablo del altar procede de la Catedral antigua y presidía la capilla en la que se reunía el Cabildo. Está dedicado a San Pedro de Osma y es obra de Pedro Machuca, de principios del XVI. La tabla central representa al santo obispo y está rodeado por las figuras cuatro apóstoles y, encima, por la Virgen. En el friso bajo aparecen los cuatro evangelistas y el retablo es coronado por un medallón circular que contiene la imagen de la Verónica mostrando el Santo Rostro. La sala data de 1556 y muestra un alto grado de influencia del renacimiento italiano.

 

MUSEO CATEDRALICIO o Panteón de Canónigos.

Se accede desde la Antesacristía por una monumental escalera, obra de Vandelvira, como la cripta; al final de ella y a un costado, un arco de bóveda que se apoya en triple arco. Se entra al Museo propiamente dicho por un arco de medio punto sobre columnas jónicas adosadas; a los lados figuras alegóricas que sostienen palma y laurel y, encima del arco, ángeles tenantes que sostienen el escudo del obispo Tavera.

El Museo tiene tres salas con pinturas de los siglos XVII y XVIII, esculturas (la de San Agustín con cabeza articulada) de Pedro Roldán, renacentistas y del siglo XIX, y un descendimiento de alabastro; el tenebrario es del Maestro Bartolomé y, también atribuidos a él, el hachero del cirio pascual, los libros corales de la primera mitad del siglo XVI con miniaturas de la escuela granadina, las capas y casullas del XVI al XVIII, el bargueño-relicario de Santa Cecilia y fragmentos de un retablo renacentista entre otras obras de interés, que no detallamos puesto que a la entrada se ofrece un catálogo de mano.

 

GALERIAS ALTAS.

También por la antesacristía se puede subir a las Galerías Altas, que se han acondicionado en los años sesenta y ochenta. Albergan la sala de los retratos de los obispos giennenses, los archivos Histórico y Diocesano y la Biblioteca Capitular, en la que se pueden admirar libros corales, misales y el "Misal Giennense", -puesto que esta diócesis tuvo rito propio-, que es un incunable gótico con xilografías.

 

PARROQUIA DEL SAGRARIO.

Aneja a la Catedral y como Parroquia, está la Capilla del Sagrario. A ella se llega por la lonja, muy cerca de la puerta norte. El proyecto definitivo es de Ventura Rodríguez. Se comenzó en 1764 y se abrió al culto en 1801. La portada es adintelada con frontón curvo entre enormes columnas corintias; sobre él una ventana; más arriba, balaustrada y, sobre ella, esculturas de San Miguel, San Pedro y San Pablo y alegorías de la Caridad, la Gracia, la Inocencia, y la Sabiduría. Dando a la calle Campanas y en la fachada oriental, Melquisedec, Sansón, Isaac y David. La planta es ovoidal precedida de un pequeño atrio rectangular. El muro se trocea en tres partes separadas por columnas corintias. La bóveda, elíptica, lleva linterna decorada con casetones hexagonales y ocho óculos flanqueados por parejas de ángeles. Sobre el coro, media naranja sobre pechinas decoradas por ángeles. Además del Presbiterio, tiene dos altares laterales: el derecho dedicado a San Pedro Pascual -recordemos que fue obispo de Jaén- en un óleo de Zacarías González enmarcado en mármol rosa; y el de la izquierda es un Calvario o la Agonía del Señor, de Manuel Martín Rodríguez.

El Presbiterio tiene un tabernáculo neoclásico de planta semicircular con cuatro columnas corintias de jaspe, entablamento y cupulín en mármoles polícromos y adornos de bronce. El óleo de Salvador Maella está dedicado a la Asunción de la Virgen. Es casi idéntico, aunque de mayor tamaño, al que está en el Museo del Prado, salvo en la disposición del Angel que abre el sepulcro, que aquí está a la izquierda .

En la Sacristía hay diversas pinturas de distintas épocas y desigual interés, así como orfebrería de algún mérito. Bajo la Iglesia se encuentra la cripta que sirvió como cementerio parroquial hasta 1829. En 1940 se remodeló para que sirviera de enterramiento a los 328 civiles y sacerdotes que, sacados de las cárceles y de la Catedral, -que también sirvió de prisión-, fueron asesinados cerca de Madrid el 11 de agosto de 1936, así como a los fusilados, como represalia al bombardeo de Jaén ordenado por el general Queipo de Llano, el 2 de abril de 1938. Los nombres de todos ellos y los de los 127 sacerdotes asesinados en Jaén durante la Guerra Incivil están grabados en lápidas en el crucero y paredes de la cripta.

En el atrio del altar, una lápida de mármol negro cubre la sepultura del obispo Basulto, -que murió entre los que iban en el llamado "tren de la muerte"- y que no llegó a Madrid con una lauda grabada. En el Altar Mayor, el Cristo de los Caídos, de Jacinto Higueras (1940). En el lateral del Evangelio, un fresco de Rafael Hidalgo de Caviedes de 1945: Triunfo de los Mártires.

Sagrario

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